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Los alquileres y los buenos vecinos

Imaginen ustedes esta figura: luego de encontrar el departamento de sus sueños, con una vista inmejorable, espacioso y bien ubicado, el hábitat perfecto para reposar y recobrar energías después de una larga jornada de trabajo y luego de comprobar que no hay mejor inversión que ésa y que no existe en mil millas alrededor mejor alquiler que ése, aparecen, luego de firmar el contrato, una variopinta fauna de personas en escena, un milisegundo después de levantar la mano del contrato, martillando vuestras esperanzas de paz y confort, mostrando sobre sus frentes el temible estigma del, léanlo entre comillas, Buen Vecino.

 

Así es, a la hora del contrato nunca están. Por todo el edificio reina un silencio sublime y mágico, y de vez en cuando logras escuchar un coro celestial anunciándote la llegada al edén. El alquiler perfecto, la renta perfecta, la inversión perfecta, el lugar soñado. Nadie que moleste ni perturbe nuestra tantas veces anhelada calma hogareña. Pero mucho ojo, miren bien y estén alerta. Agudicen sus sentidos y sospechen si escuchan murmullos detrás de las puertas, escuchan persianas que se abren o descubren que algo se esta cocinando tras la apariencia de monasterio del lugar en cuestión. Los buenos vecinos están preparando la bienvenida.

 

Tal vez una señora con ruleros te despierte muy temprano para darte la bienvenida al piso. Traerá algún plato de comida destinado a devastar tu estómago .Tal vez un par de niñuelos logren acariciar tus tímpanos con la suave melodía de sus gargantas en ebullición. Quizás descubras que tu música es insoportable para la mitad más uno de tus vecinos. Al igual que tus amigos, tus costumbres, tus anhelos y esperanzas, en suma, tu vida entera. De pronto descubrirás que un universo nuevo y alucinado formará parte de tu vida. Eso no estaba en el contrato de alquiler, por supuesto, o de repente sí, pero en letras muy pequeñitas y casi invisibles.

 

Pero esto tiene solución, o tal vez más de una. Abrir bien los ojos antes de decidirse a alquilar un piso, un apartamento o una casa. Expandir nuestro sentido de la audición a niveles tales que podamos escuchar lo que las señoras embadurnadas de cremas y que usan como movilidad una escoba, dicen. Comenzarán pidiendo un poco de café. Luego invadirán lenta y sigilosamente tu territorio, minando de manera sostenida tu tranquilidad. El negocio inmobiliario las conoce, las resguarda, las necesita. Ellas ponen a prueba el tesón y la valentía de los inquilinos, establecen un perfil psicológico del inquilino, muestran sus falencias y potencialidades. El negocio inmobiliario las protege, bajo las leyes del mercado.

 

Pero abre bien los ojos, buen vecino, a la hora de recibir a tus nuevos compañeros de aventura y de convivencia. Descubre en el extraño brillo de sus ojos una advertencia primero, luego una amenaza certera. Buen vecino que intenta vivir y convivir en paz, preocúpate cuando al alquilar un piso, un apartamento, un departamento, una casa, hasta un cuarto, al finalizar la transacción y al firmar el contrato de arrendamiento, unas manchas borrosas y microscópicas aparezcan al final. Eso significará que serás, nuevamente, el nuevo vecino que los demás inquilinos esperan tener, el buen vecino.

 

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